martes, 22 de abril de 2008

Camino a clase

Iba de camino a clase cuando la he visto: estaba sentada en uno de los bancos de piedra que hay enfrente de la biblioteca, con otra mujer. La verdad es que al principio me he fijado en los niños, que correteaban sin cesar alrededor del banco. Según me acercaba, se ha levantado, y se ha puesto a recoger los bártulos, en un proceso más parecido a hacer una maleta para quince días que al simple hecho de levantarse de un banco. Y todo con una mano, porque con la otra sujetaba a un bebé de poco más de un año. He avanzado una decena de metros y, cuando nuestras trayectorias se han cruzado, ella acababa de ponerse en marcha. Con una mano sujetaba al bebé, que descansaba apoyado sobre su barriga de embarazada. Con la otra mano, empujaba un carricoche doble y, mientras tanto, arrastraba como podía al crío que se le había enganchado a la pierna. Y todo con una mirada de paciente resignación asomando entre las ojeras. Como quien hace amago de buscar la billetera ante el lamentable espectáculo de un mendigo, he tenido que resistir el impulso de sacar de mi cartera el condón de "por si acaso" y tendérselo: "tome, buena mujer, tome, lo necesita más que yo..."

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